Los pulmones de Sambueza

El mediocampista sobresalió en el juego contra Cruz Azul, luchó y corrió por todo el campo y asistió a Oribe 

Rubens Sambueza
Rubens Sambueza (Mexsport )

CIUDAD DE MÉXICO

En los días de turbulencia, cuando América demandaba la aparición de alguien que levantara su estandarte para mitigar las heridas que habían dejado Herediano y Veracruz, cuando necesitaba que se olvidaran los complejos y apareciera el coraje que demanda el escudo, se levantó la figura de Rubens Sambueza.

El mediocampista argentino comandó la rebelión azulcrema, fue un jugador capital para obtener el triunfo ante CruzAzul, una victoria que devolvió la estabilidad a la institución y permite al club días de paz después de los nubarrones.

Sambueza arrancó jugando como volante por derecha, pidió la pelota, la arrastró e intentó llevarla a zona de peligro; en los momentos en los que La Máquina lucía mejor, no dudó en dar un par de gritos para llamar al orden a sus compañeros. 

Fiel a la irreverencia que le caracteriza, no se quedó quieto en la banda derecha, se desplazó hacia el centro y también por izquierda. Es imposible tenerle quieto en un sitio, lo agradecen sus compañeros porque le genera más desequilibrio al equipo y lo sufren los defensas que suelen recurrir a la falta para detenerle.

La famosa reinvención de la que habló Matosas puede estar representada en Rubens, un tipo que tiene la capacidad para desquiciar a cualquier rival, cuando pierde la pelota es capaz de ir y morder para ensuciar el juego del adversario, o bien para recuperarla.

Pero Sambueza no se enfoca únicamente en sus tareas ofensivas, se pone el traje de obrero y colabora en las funciones defensivas cuando el otro equipo ataca, lo que le permite tener una parcela larga a la hora de armar un contragolpe. 

Rubens, también, ha entendido que su juego se fortalece en el momento en que no cesa en su afán de hacer daño, se ha olvidado de caerse al primer contacto, quizá porque los árbitros dejaron de marcarle acciones en las que consideraban que exageraba, hacía berrinche y salía perjudicado con tarjetas en contra.

Ahora, cuando Rubens ve el claro, se lanza como flecha, lo trastabillan y hace lo posible por seguir de frente, así lo hizo en el juego contra Pumas cuando arrancó desde media cancha en un contragolpe que acabó en el gol de Benedetto, lo volvió a hacer frente a La Máquina que sufrió para detenerle por derecha o por izquierda.

Si en el juego contra Universidad tuvo impacto en el marcador, contra los celestes volvió a ser fundamental. Sambueza recibió la pelota por izquierda, levantó la mirada y vio a Oribe, le mandó un centro justo al hueco entre los centrales, el Cepillo le ganó la espalda al Cata Domínguez y llegó el festejo que puso fin a los días negros de las Águilas.

Al final del juego contra Cruz Azul, Rubens valoró que América había recuperado cosas que no se mostraron ni en Costa Rica ni en Veracruz.

“Se había visto en los partidos anteriores, donde no corríamos todos al parejo, corríamos mal, muy desordenamos, hoy (sábado) hicimos todo lo contrario, fue un equipo que se entregó, que peleó por la pelota, corrimos todos al parejo y ganamos un importante partido;fuimos contundentes y retomamos un poco la confi anza”.

Sambueza subrayó la importancia de la victoria que le devolvió la serenidad al club.

“Era necesario ganar, después de todo lo que se había hablado de las derrotas dolorosas tanto en Concachampions como en torneo local. Este es un grupo y todos tiramos para el mismo lado. Cuando las cosas van mal siempre se habla de problemas internos y esas cosas, me parece que no está bien, porque internamente en el grupo estamos bien”.

Rubens es hoy el abanderado del americanismo, un ídolo para la afición y el eje sobre el cual América aspira a encontrar una identidad futbolística con Matosas; su entrenador lo sitúa por derecha, pero Sambu es un todo terreno, sus pulmones son el aire de confianza y optimismo que las Águilas tienen en el futuro inmediato.