'Osvaldito', el balance del mediocampo del América

El jugador paraguayo es un pilar en la cintura americanista, el que más ha corrido en lo que va del Apertura 2015

 

 


Osvaldo Martínez, centrocampista del América
Osvaldo Martínez, centrocampista del América (Mexsport)

CIUDAD DE MÉXICO

La remodelación que sufrió América, con la llegada de Ricardo Peláez, puso punto final a la compra de jugadores de cartel, que terminaban por ser más figuras de retoque que futbolistas entregados a la causa. El presidente deportivo tomó el estandarte de las Águilas y reorganizó el club, su proyecto deportivo estuvo acompañado (desde el inicio) por la coherencia de la propuesta futbolística.

Entre Ricardo Peláez y Miguel Herrera —el primer entrenador de la nueva era azulcrema— buscaron en el mercado jugadores de oficio y profesión, daba igual si gozaban de cartel o no, valía poco si tenían o no reconocimiento mediático. Querían futbolistas en espíritu, que su esencia fuera el juego y la entrega de sus condiciones y capacidades a favor del escudo.

Así llegó Osvaldo Martínez, mediocampista con buen manejo de balón que ya había tenido jornadas brillantes en Monterrey y Atlante, clubes donde avisó que podía ser un barómetro para el proyecto azulcrema. El paraguayo es un tipo que mezcla bien las labores de escoba con las de creador y distribuidor.

Osvaldo conoce el oficio del mediocampista, ejerce el papel a cabalidad. El buen momento de América también se explica en el equilibrio que ha logrado el cuadro Ignacio Ambriz en la cintura del equipo. Ahí en la medular del cuadro de Coapa, el paraguayo ha ejercido una labor capital.

Pasan los entrenadores y todos confían en Osvaldo, un tipo que se ha mantenido por sus galones y porque ha sabido adaptarse a los conceptos que cada entrenador pretende. Se fue Miguel Herrera y Osvaldito se fue ganando la confianza de Antonio Mohamed. Ocurrió lo mismo con Gustavo Matosas, a quien tardó tres partidos en convencerle de que debía aparecer en la foto de inicio.

Con Nacho apenas ha tenido tiempo de trabajo, pero Ambriz sabe los secretos de la posición y ha hecho de Martínez el jugador que dé soporte a la sala de máquinas azulcrema. El mediocampista paraguayo es el segundo jugador con más minutos: 433, solo 17 menos que Pablo Aguilar, el que ha jugado más.

Pero en el renglón que nadie le da alcance a Osvaldo es en el despliegue físico que ha tenido; Martínez ha recorrido 40.8 kilómetros en lo que va del torneo, un promedio de 8.5 kilómetros por partido, a una velocidad de 6.8 kilómetros por cada juego disputado, según las estadísticas de la Liga MX.

Algo que hasta cierto punto puede considerarse normal, pues Osvaldo es uno de esos jugadores que no se esconden, es intervencionista por naturaleza en el desarrollo del juego, cuando no tiene la pelota hace lo posible por recuperarla. Y cuando la tiene, se nota la lucidez que habita en su mente para darle sentido al volumen ofensivo de las Águilas. Complementación de funciones.

Y es que Osvaldo es un futbolista que, también, mantiene el temple en sus declaraciones, así lo hizo en el descalabro sufrido ante Puebla. “Es obvio que la gente pida resultados y les doy la razón, pero esto recién comienza. Ya el siguiente partido van a ver otro América”, reflexionó tras el 4-2 de la Jornada 1. Y cuando golearon a Dorados tampoco se dejó llevar por la euforia.

“Hay que seguir creciendo, lo hemos hablado en el vestidor, el equipo viene de menos a más y está comprometido por remontar. Se están haciendo bien las cosas y hay que seguir por el mismo camino”.

Osvaldo mezcla con Güémez para apoyar al joven mexicano en las tareas de recuperación, lo orienta y patrulla su zona para evitar que el equipo quede descompensado, pero en su naturaleza también está la de ser un conector con los atacantes. Benedetto y Oribe están al pendiente de cuando tiene la pelota para ofrecerse como opciones de pase, aunque sus socios más frecuentes son Rubens Sambueza y Andrés Andrade, con el argentino y el colombiano se buscan frecuentemente para descargar el balón y dar inicio a la creación en ataque.

El guaraní, además, conserva la vocación ofensiva, sobre todo con los disparos de media distancia, en Pachuca rozó un golazo con un tiro desde la frontal que se estrelló en el travesaño de la portería de los Tuzos. En el juego contra Dorados, junto con Oribe, armó una jugada de barrio, toques rápidos y precisos que la defensa culichi no pudo detener. Ante Santos volvió a erigirse como la balanza del medio campo, y fue quien cobró la falta que acabó en el segundo gol de las Águilas, el tanto que cerró una semana perfecta.

La bonanza que hoy se instala en América tiene varios fundamentos: La capacidad de Ignacio Ambriz para amoldar el equipo a la forma y filosofía que cree. La solvencia que ha recuperado la línea defensiva, la eficacia que ha encontrado la delantera, pero también, al pulso que ha imprimido el medio campo. Ahí donde Osvaldo Martínez se ha erigido como el hombre que le da soporte al juego americanista