El arrebato de Michael Arroyo

El ecuatoriano se ha convertido en el alfil de Ignacio Ambriz, su aporte ha sido clave en el repunte de las Águilas en la Liga y también para confirmar su calificación en Concachampions

Michael Arroyo, jugador del América
Michael Arroyo, jugador del América (Mexsport)

CIUDAD DE MÉXICO

Siempre se ha sabido que Michael Arroyo es un tipo descontrolado en el campo, capaz de tener ráfagas de futbol que desconcierten al adversario. Posee una habilidad que desarticula a los defensas rivales con sus arranques eléctricos, le gusta el encare, parece que es su suerte favorita en el futbol, controlar la pelota, una finta, otra si es preciso, una o dos bicicletas para engañar al marcador en turno, pero nunca tocando el balón, ése reposa en el suelo, inmóvil, a la espera de que Micky decida el lado para salir.

El ecuatoriano se ha ganado la vida en el mano a mano, es un aventurero al que le gusta el riesgo, pero es verdad que no siempre suele salir vencedor, muchas veces se le han criticado las decisiones que toma sobre el campo, porque falla en el último pase, o cuando su jugada pinta para trascender, termina por apagarse, dejando escapar posibilidades para que el equipo cause más daño.

Llegó al América para buscarse un sitio por la banda izquierda, su paso por Coapa no ha sido lo regular que se esperaba, sobre todo porque la zona que le gusta para vivir en el campo es el hábitat de Rubens Sambueza, el ídolo, el capitán. Tampoco es que Michael haya hecho algo extraordinario, ráfagas, chispazos, porque le ha costado izar la bandera de la constancia.

Sin embargo, su nombre quedó en la historia del club, porque fue el hombre que abrió el camino para la conquista del título más reciente, Antonio Mohamed apostó por su electricidad en el juego de vuelta de la Final contra Tigres, Michael salió encendido, echando lumbre por la banda izquierda, tomó el balón y entró al área de los felinos como un puñal en la mantequilla, se deshizo de Hugo Ayala con un eslalon marca de la casa, y sacó un zurdazo que venció a Nahuel, para despertar el éxtasis de la parroquia americanista... alcanzó la gloria junto al resto del pelotón con la doceava estrella para la institución.

Después, hubo escasas noticias de él, se extravió muchas tardes. Aunque el curso pasado se quedó a nada de ser el héroe en la Liguilla, un fierrazo suyo con la derecha permitió que Amé- rica acariciara las semifinales, pero aquella jornada pudo más el corazón de los Tuzos que el arrebato de Michael.

Para el actual torneo, la directiva mantuvo su apuesta en él, adquirió sus derechos federativos, pasó a ser uno más del equipo con todos los efectos. Estaba en él y en sus condiciones ganarse más tiempo efectivo de juego, pero volvió a ofrecer solo chispazos, hasta las últimas dos jornadas en la Liga, cuando ocupó el sitio de Sambueza.

Michael marcó el rumbo de los últimos dos partidos de Liga, contra Jaguares anotó el segundo gol, el de la victoria y el que le devolvió la estabilidad al club después de las derrotas en el Clásico y con León. Otra vez su pierna derecha servía como llave ante la adversidad.

Pese a que Rubens volvía para el duelo en Tijuana, y todo hacía suponer que sería titular, Nacho Ambriz optó por Michael, le mandó en la foto de arranque y el ecuatoriano le respondió con un momento de arrebato, tomó la pelota por la banda izquierda, se acomodó y sacó un fuerte derechazo que sorprendió a Vilar. América se puso en ventaja y ya no soltó el mando del juego.

'Micky' la trae consigo, en su momento, son quizá los mejores pasajes que ha tenido desde su arribo a Coapa. El martes, en la Concachampions, estuvo presto a cazar un centro de Darwin Quintero, controló el balón y definió para el empate ante el Motagua de Honduras y el liderato de su grupo en la Concachampions.

América ha recuperado el pulso en la Liga, sigue en lí- nea recta hacía la Liguilla, y en Concachampions ya está en cuartos de final, lo ha hecho por el trabajo de equipo y —en parte— porque en sus últimos compromisos tuvo de su lado el arrebato de Michael Arroyo.