La maduración de Ambriz

El entrenador de América ha logrado que el equipo mantenga la racha de buenos resultados en dos competencias; en la Liga es sublíder del torneo y mañana se juega el pase a la Final de Concachampions 

Ignacio Ambriz
Ignacio Ambriz (Mexsport)

CIUDAD DE MÉXICO

Ignacio Ambriz es un entrenador serio, sin aspavientos, nada de movimientos locos en la banca. Tiene su carácter, no podría vivir en esta profesión si no lo tuviera. Habla poco, porque ya no se le ve tanto en la sala de prensa, lo indispensable y en ocasiones que desde los despachos se consideren oportunas.

De ahí en más a su trabajo, a la gestión del grupo, la planificación y la estrategia que implica el puesto (y otras tareas que van implícitas en el mismo cargo) en Coapa gusta lo cercano que es, ha organizado asados con los trabajadores y convive con ellos como uno más.

El torneo pasado, su primero en el banquillo azulcrema, hizo de la palabra humildad su bandera. Desde el primer día Nacho encaró las cosas como eran. Que si no tenía el perfil, que si no contaba con los blasones para estar en América, que si carecía de identidad, que si llegaba por su amistad con Ricardo Peláez y Pepe Romano, que si iba a ser un entrenador manejable, que no iba a poder con el vestuario... muchos contras y escasos pros.

Ambriz mostró templanza, aguantó el escenario, no se dobló; apretó la mandíbula y fi jó la mirada en el césped. Era en la hierba donde tenía que responder Su primer torneo fue de claroscuros, con una buena racha que se interrumpió con Tigres y después el equipo no supo volver a una línea constante; los resultados —esos que garantizan la conservación del trabajo— iban y venían para bien y para mal.

La derrota en el Clásico contra Chivas en el Azteca (con un hombre más por 45 minutos), reavivó los debates de si merecía seguir en el puesto, no se reparó en el hecho de que le anularon un gol legítimo a Oribe. Nacho tiene claro que América demanda los mejores resultados sea en el campo que sea.

“Aquí la única palomita te la dan los títulos” suelta cada vez que puede. Entre las situaciones que también se le achacaron fue la pérdida de control de la disciplina, el curso pasado las Águilas fueron el equipo que más tarjetas recibió, fue reprendido en varias tertulias cuando felicitó a Adrián Marín y Javier Güémez por una pelea en un entrenamiento.

Ambriz pedía a sus jugadores “salir con el cuchillo entre los dientes”, después aclaró que el fondo era diferente, que pedía el corazón caliente de sus jugadores, que afl ore el orgullo y carácter, tan necesarios para competir en las distintas trincheras de la Liga.

Su primer torneo lo acabó con una nota alta, porque supo reencauzar al equipo en la Liguilla, perdió estrepitosamente la semifi nal de ida con Pumas, pero en la vuelta se vio la mejor versión futbolística de América.

Luego vino el bochornoso papel del Mundial de Clubes, en el no se alcanzaron los objetivos, fue ratificado porque Peláez no fl aqueó en su confi anza. REIVINDICACIÓN Nacho aceptó que este año no bastará con buenos resultados.

“Me comprometo a entregar títulos”, dijo en su primera conferencia del actual curso. Una declaración de intenciones del hambre de gloria que tiene, pero también un compromiso mayúsculo al que tendría que ir dando forma semana a semana, partido a partido resultado a resultado.

La turbulencia llegó pronto, apenas en la Jornada 3, después de una derrota en casa ante Pachuca, se escucharon algunos gritos que volvían a demandar su salida.

Fueron días en los que se especuló demasiado, pero nada pasó. Ambriz volvió a poner la mirada en la cancha, contó con el respaldo de los jugadores, la plantilla da fe que es un tipo con el que trabajan y se sienten cómodos.

Nada menos que el capitán Rubens Sambueza transmitió palabras de confianza plena. Ambriz no dejó el cargo, porque Ricardo Peláez no ha perdido un ápice de confianza en él, mantiene la misma fe que tuvo en el entrenador desde el día que hizo la llamada para darle la responsabilidad del banquillo de América tras la salida de Gustavo Matosas que se fue con más pena que gloria.

Resistió Nacho y de a poco levantó al equipo, le fue encontrando la cuadratura al grupo que siguió acusando bajas por lesión o suspensión.

América tomó una idea, un estilo y una estructura que puede gustar o no, pero la tiene, eso lo ha hecho un equipo reconocible, con jugadores que están en buen estado en el momento que se defi nen torneos.

Ambriz logró el sábado su cuarta victoria en fi la en la Liga MX, un triunfo que lo proyectó al subliderato general del torneo, algo que ya ocurrió en la Jornada 15 del certamen pasado, a diferencia de ese América, el actual tiene una idea más cuajada, ha dejado de ser un equipo de bandazos, cuenta con la mejor versión de Rubens Sambueza, el estado de gracia de Oribe Peralta, el hambre de Hugo González, la solvencia de Pablo Aguilar, el temple de Osvaldo Martínez, el despertar de Darwin Quintero… a todas estas condiciones se añade la madurez de Ignacio Ambriz, un entrenador que se encuentra en su mejor punto desde que llegó a Coapa.

Las Águilas de Nacho coquetean con la Liguilla y la Final de la Concachampions.