Cuauhtémoc se hace eterno

El delantero de América jugó 37 minutos y así se despidió del futbol profesional en una jornada de fiesta y goles de los azulcrema ante un débil Morelia 


Ciudad de México

Los ídolos nunca mueren, su recuerdo permanece perene, el paso de los años no desgasta sus hazañas, sino que las va enriqueciendo. Eso pasará con Cuauhtémoc Blanco, el último hijo del americanismo se fue ꟷahora sí de forma definitivaꟷ del futbol profesional, se marchó por la puerta grande, se quedó a unos centímetros de tener una despedida gloriosa, pero el travesaño de lo impidió.

Cuauhtémoc nació en uno de los barrios populares de México y cuando se hizo ídolo también fue visto como hijo del pueblo, así que la parroquia azulcrema acudió fiel a su último doctrinal sobre un campo de juego.

Como estaba anunciado, Blanco encabezó la marcha del equipo hacia el terreno de juego, portó el gafete de capitán y se dispuso a jugar. A los 43 años, Blanco demostró que el paso del tiempo no daña la lucidez, la velocidad es mínima, pero el toque se ha mantenido intacto. Se involucró en el juego y el equipo jugó para él, quizá hasta un poco en exceso, pero todo se pudo, porque Morelia fue un equipo que aportó poco.

Desde el primer minuto tocó el balón, después al 7’, cobró un tiro libre que no trascendió, cuando la pelota le caía buscaba la mejor opción para acompañarse. Estuvo a nada de acariciar la gloria, era el minuto 9 cuando tocó una pelota para Oribe, el Cepillo aguantó la pelota y esperó a Blanco, el Cuau se exprimió, recibió el balón, cortó hacia el centro, amagó y disparó bombeado, el portero de Morelia, Carlos Rodríguez, se estiró, pero fue superado, la pelota caía lentamente, pero golpeó el travesaño y picó fuera. Hubiera sido la locura si esa pelota entra.

En la fiesta del Cuau, América siguió mandando en el juego, porque el equipo michoacano seguía sin ofrecer algún registro de peligro. Osvaldo probó de media distancia y Rodríguez desvió su disparo. Seguían los de Ambriz jugando para Blanco a la espera de que éste pudiera tener una pelota a modo. Y cuando Monarcas pudo armar una jugada por la banda, Mares cortó el centro de Carlos Morales. 

Un contragolpe de Andrés Andrade volvió a presentarse como una opción amenazante de las Águilas, el Rifle esperó que Blanco se emparejara a la jugada, le cedió la pelota, el Cuau recortó a Morales y cayó, no hubo penal por más que la gente lo reclamó. Se acercaba el momento del adiós, pero antes Blanco demostró que es genio y figura, realizó su famosa Cuauteminha al 35’.

Se había cumplido con lo prometido, al minuto 37 el abanderado levantó la pizarra y Blanco cedió su lugar a Darwin Quintero, antes de salir le devolvió el gafete de capitán a Sambueza y ꟷahora síꟷ dijo adiós al campo que lo consagró como ídolo de América y también de la selección mexicana.

La entrada de Darwin fue la que terminó por dinamitar el partido. Morelia fue incapaz de ponerse serio, sin resistencia al frente, América siguió presionando. Entonces Sambueza vio el hueco, filtró para Quintero que le ganó en velocidad a la defensa, el colombiano tocó para Oribe que empujó la pelota al fondo.

Al minuto 43 la fiesta era total, el Cepillo fue a buscar a Cuauhtémoc y de nuevo más ovaciones. América se gustó y Morelia se desnortó, de nuevo Sambueza demostró que es el faro actual del equipo. Rubens armó la jugada por la banda derecha, dejó a un defensa y tocó para Darwin que puso el segundo. Morelia no quería ser alfombra, pero no demostraba lo contrario.

En el medio tiempo llegó el momento de Blanco, el delantero recibió de parte de la directiva una placa conmemorativa y una playera del equipo firmada por toda la plantilla. Junto a él estuvo su núcleo cercano, las personas que siempre le alentaron, su familia lo esperó en el centro del campo mientras él daba la vuelta olímpica. Su última puntada fue posar para las fotos con su típico festejo, se fue al vestidor y el segundo tiempo lo vio en la banca.

En el complemento, Morelia siguió siendo un equipo contemplativo, Darwin marcó el tercero tras un servicio de Paul Aguilar. La grada vivía la mejor exhibición de su equipo en lo que va del torneo. Un esbozo de reacción michoacana se dio al 52’, cuando Enrique Pérez descontó el marcador.

Sin embargo, Morelia no dejó de ser un equipo tímido, América no vio comprometido el partido, siguió mandando en el juego, se sintió tan cómodo que Paolo Goltz, en un ejercicio de atrevimiento, se lanzó al frente y cuando llegó al área generó un penal a favor de las Águilas.

Michael Arroyo cobró desde el manchón, el ecuatoriano marcó su primer gol del torneo, un tanto que, en lo personal, le sirve en el aspecto emocional y al equipo lo fortalecía.

Rozó el quinto América, ya no hubo más movimientos. Todo le salió a las Águilas que honraron a su último hijo, se llevaron la victoria, mejoraron sus sensaciones de juego y su grada salió con una jornada de plena felicidad que se les había negado en el curso. El conjunto azulcrema le dijo hasta siempre a Cuauhtémoc Blanco y mandó un aviso a Guadalajara de que están listos para el Clásico Nacional.