América, de la gloria a la reinvención

El 2015 fue para América un año en el que el equipo volvió a ganar un título, mantuvo el tono de competencia en la liga, pero lo acabó de una manera bochornosa en el Mundial de Clubes

América buscará recuperar la cima del balompié nacional en el 2016
América buscará recuperar la cima del balompié nacional en el 2016 (Mexsport)

Ciudad de México

América arrancó el 2015 en lo más alto del plano futbolístico nacional. En diciembre de 2014, las Águilas habían obtenido el título del Apertura 2014, el trofeo que encumbraba a la institución como la más ganadora del futbol mexicano. Se proclamaban como "el más grande".

El inicio de año presentó cambios en el banquillo, Antonio Mohamed se fue porque la directiva no veía un rumbo claro con el Turco, hubo acciones del entrenador que convencieron a la dirigencia de darle un giro al proyecto deportivo. Gustavo Matosas fue el elegido para arrancar una nueva era en el americanismo.

La llegada de refuerzos de calidad en el eje de ataque como Darwin Quintero y Darío Benedetto, potencializaron una plantilla que —se pensaba— podría desplegar un futbol vistoso y espectacular, que privilegiara las formas para lograr los resultados.

Pero Matosas tampoco logró cuajar, América se hizo un equipo de ráfagas, descompensado en defensa y sin encontrar la esencia que el timonel uruguayo pretendía. Los jugadores avisaron que se sentían desprotegidos en ese afán ofensivo que el entrenador trataba de ejercer. Los resultados eran buenos, pero Gustavo no daba con la tecla para hacer de América un cuadro espectacular.

El mejor momento de Matosas llegó en abril, cuando América se jugó las instancias decisivas de la Concachampions, el equipo mostró carácter y decisión para sobreponerse a escenarios adversos. Sobre todo en las semifinales ante el Herediano de Costa Rica. Los ticos llegaron con tres goles de ventaja al estadio Azteca, pero en media hora, las Águilas resolvieron el partido y aseguraron su pase a la Final de la Concacaf.

Fue en este escaparate donde dio una lección de contundencia, en el juego de vuelta de la Final de la Concachampions, al equipo azulcrema no le pesó la atmósfera de Montreal y acabó goleando al Impact y aseguró su boleto al Mundial de Clubes. El éxito deportivo se mantenía a la espera de certificarlo en la Liga.

En el torneo casero, el equipo azulcrema calificó en segundo lugar general, pero no pudo con Pachuca, que lo eliminó en cuartos de final, un partido vibrante, pero no alcanzó con el orgullo.

CAMBIO DE PERSPECTIVA

Matosas se fue del equipo porque creía que con la plantilla disponible no podía desarrollar su idea futbolística, pedía cambios sustanciales que no entraban en el presupuesto. La directiva confió en Ignacio Ambriz para darle continuidad al modelo institucional. Nacho fue cuestionado desde su primer día, pocos creían en él, pero de a poco fue apagando la incertidumbre.

Tras un inicio incierto, el equipo entró en una racha de efectividad en todas sus facetas. Recibía pocos goles, creaba juego y remataba en el área enemiga. Peleaba por un rol protagónico en la parte alta de la tabla.

América era un conjunto definido, pero empezó a vivir situaciones bien identificadas que no lograron enderezarse. La falta de resultados como local y la indisciplina perjudicaron en demasía al equipo.

Las Águilas de Ambriz —después de la mitad de torneo— entraron en una inercia irregular de la que no pudieron desprenderse, llegaron a la Liguilla siendo una interrogante, pero avanzaron con soltura en los cuartos de final.

Las semifinales fueron de polos opuestos, en la ida le faltó sensatez al cuerpo técnico para mantener el orden defensivo y cabeza fría a los jugadores. Pero el juego de vuelta fue un ejercicio de amor propio, en el que América ofreció un partido a corazón abierto, se quedó a un gol de la Final, pero dejó satisfechos a sus seguidores.

EL BOCHORNO DE OSAKA

Cuando el sorteo para el Mundial de Clubes arrojó la posibilidad de que América se pudiera enfrentar al Barcelona, hubo mucha expectación en el interior del club por medirse a los culés. Los planes se enfocaron en llegar de la mejor manera posible a Japón, hubo mucha planeación para dicha expedición, palabras una y otra vez del compromiso por trascender y hacer historia.

Es cierto que se advirtió del cuidado que se debía tener con el Guangzhou de China, pero había optimismo en solventar el partido. La expectación fue tal que el mismo dueño estuvo en el palco del estadio Nagai.

Pero a América se le escurrió el partido en diez minutos, otra vez faltó manejo de partido, en el banquillo no hubo pericia para conservar la ventaja; en el campo privó el desconcierto tras el empate y aloró la indisciplina, con jugadores peleando entre sí, con errores en la última jugada que acabó con una derrota y una amarga eliminación. Con el dueño marchándose decepcionado y el sueño esfumado de jugar contra el Barcelona.

América inició el 2015 con las más grandes expectativas; mantuvo un rol protagónico, logró un título internacional, pudo haber acabado el año con buenas notas, pero lo ocurrido en Osaka terminó por ser calificado desde el interior como un rotundo fracaso.

El 2016 es el año más esperado por el americanismo. El club celebrará en octubre cien años de existencia, el Centenario aumenta la exigencia y la obligación de América para ser protagonista. Todos en Coapa son conscientes que tras lo ocurrido en Japón deben reinventarse, mantener el espíritu combativo y volver con más fuerza para levantar títulos. No hay menos en este club.