La fragilidad del campeón

La derrota de América ante Xolos demostró que a las Águilas de Matosas hay aspectos que les duelen y que les hace falta tiempo para tomar su mejor forma

Darwin Quintero se duele de la cabeza en el partido del viernes ante Tijuana
Darwin Quintero se duele de la cabeza en el partido del viernes ante Tijuana (Mexsport)

Ciudad de México

Y América se hizo un equipo terrenal. La derrota en Tijuana demostró que las Águilas no son invencibles y les costará serlo, esa escuadra a la que se le colgaron múltiples etiquetas, todas ellas de amplio favorito para hacerse con el campeonato, para ser el equipo que robara la Liga, e que impusiera su ley en cualquier campo. Aunque esa sigue siendo la percepción del entorno, pues América está confeccionado para ello.

Sin embargo, hace poco más de una semana Gustavo Matosas dijo (previo al partido contra León) que esa percepción estaba equivocada, que su equipo trabajaría para ofrecer buen juego, pero que ellos no pensaban en ser el amo y señor de la Liga.

El viernes, Tijuana exhibió que a América le hace falta rodaje, tiempo de trabajo para terminar de asimilar los conceptos que el entrenador uruguayo pretende, que los automatismos aún no están del todo comprendidos, es cierto, el equipo va camino de ello, pero también quedó claro que a las Águilas les plantarán la cara más áspera para quitarles puntos, que el equipo deberá redoblar esfuerzos para comprender y ejecutar la nueva idea futbolística lo más pronto posible.

En los dos partidos jugados del Clausura 2015, las Águilas mantuvieron la convicción de ir en busca del arco contrario, son un equipo que sale con el pie en el acelerador para ir al encuentro con el gol, pero en ese camino el equipo queda descompensado, ofrece pasajes de vulnerabilidad —que en su momento los aprovechó León para regresar de una desventaja de dos goles—, y Tijuana sacó renta de esos huecos en medio campo y en la defensa.

En el primer partido en el que Matosas pudo contar con todos sus refuerzos de inicio, el equipo mostró en varios lapsos la personalidad que se pretende, pero también, que aún no acaba de arrancar como se espera.

La idea, el estilo y la estructura del juego están claros, no así la ejecución. América es un equipo reconocible, tiene la idea de presionar arriba y tratar de ser directo, con el deseo de pasar más tiempo en campo rival, merodeando el arco adversario y creando ocasiones de manera constante. Ante Xolos contó con al menos cuatro acciones de peligro, entre ellas dos remates a gol, más un penal que falló Oribe Peralta.

Pero en ese afán de tener más hombres en campo contrario, las Águilas quedaban mal paradas, lo que permitió que Tijuana gozara de varias oportunidades; Moisés Muñoz fue factor para que no cayeran más goles, porque los Xolos le tomaron la medida a la espalda de Pellerano y el timing a los defensas azulcremas. Cada pelota entre el medio de contención y la defensa era tomada

por Hauche o Dayro y empezaba la sensación de peligro, porque ambas líneas estaban mal posicionadas al encontrarse varios metros por delante de su zona habitual.

Para muestra el gol de Dayro: un balón perdido en medio campo que se convierte en un pelotazo hacia la banda derecha, a la espalda de Pellerano y cuando Paul Aguilar estaba fuera de su zona (por delante de medio campo para ser opción de pase y así darle profundidad al equipo). Hauche prolongó la pelota con la cabeza cuando Goltz salió a buscarle, Dayro aprovechó el segundo hueco en la central y arrancó solo hacia Muñoz, al que venció antes de que Pablo Aguilar pudiera impedir su tiro.

A América le dolió el medio campo, porque Pellerano pasó mucho tiempo solo, Rubens hizo el esfuerzo por ayudarle, pero no es su función básica.

Tampoco la de Michael Arroyo ni la de Darwin Quintero, este último el que menos sacrificio tuvo en labores defensivas. Las pelotas a la espalda de los zagueros y la táctica fija también son aspectos que le siguen generando problemas a la hora de defender.

La valentía de América se reconoce, es fiel a la idea de su entrenador y no cambiará, lo que sí es Matosas y sus jugadores deberán encontrar el punto de equilibrio que les permita compensar su vocación ofensiva, con la solvencia defensiva. Cuando lo haga, esas etiquetas que se le colgaron al equipo previamente se reforzarán. Hay camino para hacerlo, en Coapa hay autocrítica y ahora se piensa en el partido contra Puebla como inmediata enmienda.