Matosas se reinventa

Las bajas de Quintero y Arroyo llevaron al entrenador uruguayo a modificar el sistema para el partido ante Jaguares, el resultado fue la mejor exhibición del equipo en lo que va del torneo

Ciudad de México

Tuvieron que pasar 450 minutos, cinco partidos oficiales y un amistoso más para que América ofreciera una actuación como las que se le reclamó desde la llegada de Gustavo Matosas. El arribo del entrenador uruguayo a Coapa generó cualquier cantidad de expectativas, siempre en función de lograr un equipo estético y goleador.

El legado que Matosas dejó en León le avalaba, La Fiera fue un equipo que daba gusto ver por la manera de procesar los partidos, a partir del medio campo, la segunda línea que poseía Gustavo en León llegó a ser de selección nacional. El trío Vázquez-Peña-Montes no solo pensaba en destruir el juego del adversario, también poseía capacidad para ser generador y rematador.

León fue uno de los equipos que mejor despliegue tenía en campo propio y en el del rival, no había zona en la que no se acompañaran de buena manera, con el balón de por medio generaban oportunidades de gol de manera constante.

Consumada la salida de Mohamed, la confección de este nuevo América contó con jugadores de buen pedigrí en todas las líneas, pero de condiciones diferentes a las de los tipos con los que Matosas cautivó en los últimos años.

Cristian Pellerano es un perro de caza, pero no cubre la cantidad de terreno del Gallito. Peña es un volante de ida y vuelta que irrumpe como i no estilete desde la segunda línea; mientras Sambueza es un tipo que quiere la pelota, y aunque tiene grandes recorridos y acarrea bien el esférico no es tan constante como lo era el Gullit que dirigió Matosas. Montes aportaba el toque fino y el cerebro para el procesamiento de la jugada, mientras Osvaldo Martínez se va adaptando de manera paulatina a la idea de Gustavo, es un buen comodín que le dará cosas positivas a su entrenador tanto defensiva como ofensivamente.

En la parte de adelante, unos 25 metros después del medio campo, es donde radica la mayor riqueza de este América, jugadores que son capaces de fabricarse una ocasión por sí mismos o de asociarse para generar peligro.

Aquí es donde Gustavo cuenta con mejores armas de las que tenía en León. Oribe Peralta, Darío Benedetto y Darwin Quintero son dinamita en estado puro.

Pues bien, Matosas sabe de la exigencia por hacer de América un equipo que guste, para eso vino a Coapa; para seducirse a sí mismo y para cautivar a la tribuna. Sin embargo, el camino a esa sensación de placer por ver a su equipo jugar no ha sido fácil, la transición y la adecuación a nuevos jugadores y nuevos caracteres no había permitido ver una versión de las Águilas que cumpliera con las expectativas.

De a poco, Matosas fue implantando su filosofía, en la Jornada 1 debutó con un 4-3-1-2, para las Jornadas 2 y 3 pasó a jugar 4-1-3-2; en las Jornadas 4 y 5 volvió a modificar y empleó un 4-3-3.

Pero las ausencias de Quintero (sancionado) y de Arroyo (lesionado) lo llevaron a buscar cuadrar el equipo para el duelo contra Chiapas, a reinventarse para intentar atacar y mantener el equilibrio sin dos tipos claves en ataque.

Matosas volvió a ajustar el sistema, recuperó un dibujo que hace un par de años cautivó con Miguel Herrera en el banco, el 5-3-2. La inclusión de Ventura Alvarado le dio más solvencia a los centrales y permitió liberar a Miguel Samudio y Paul Aguilar por las laterales. Esto ayudó para que los medios encontraran más opciones y líneas de pase.

El equipo jugó en largo mucho mejor y explotó la vulnerabilidad de la defensa de Chiapas, lenta en la pelota larga y en los balones filtrados.

América encontró los goles, fue un equipo que sacó renta de los errores del rival, no fue tan estético ni creativo, pero sí directo, vertiginoso y matón en ataque. Tuvieron que pasar casi cinco años para que América volviera a darse un baño de goles y solvencia defensiva, la última vez fue el 7 de marzo de 2010, cuando las Águilas, que entonces eran dirigidas por Jesús Ramírez, golearon 6-0 a Querétaro.

Ya lo dijo Matosas, no hay espacio para el triunfalismo, el proceso y la transición continúan, pero la última reinvención que tuvo su entrenador, con una vieja fórmula, obtuvo el resultado y el funcionamiento más convincente, algo que se espera ver de manera más frecuente.