En Saraperos, un 28 va a la historia

Saraperos de Saltillo decidió retirar el número que portó Noé Muñoz, luego de haber dejado un legado como receptor en 24 temporadas en la LMB


Noé Muñoz, portando un parche con el número 28, en su playera de Saltillo
Noé Muñoz, portando un parche con el número 28, en su playera de Saltillo (Miguel Boada )

Enviado, Puebla

El destino lo ha puesto otra vez cerca de la tercera base, aunque ahora es fuera del diamante, después de que por 24 temporadas actuó como catcher.

Él jugaba como antesalista pero en los inicios de su carrera profesional encontraron que el camino que lo llevaría al éxito era poniéndose los arreos para colocarse detrás de home, y ahí escribió la historia que lo llevó a que su número fuera retirado por los Saraperos de Saltillo.

“Cuando uno empieza a jugar pues nunca te imaginas algo así (que retiren tu número)”


El número 28 ahora tiene un lugar entre los inmortales de la Nave Verde, luego de lo que Noé Muñoz hizo dentro del diamante en seis mil 146 encuentros en la Liga Mexicana, y ya puede presumir que es el noveno pelotero reconocido por este club.

“Me emocioné de que hayan reconocido mi trabajo de esa manera en una pared que tiene muchos nombres importantes en la historia de la organización. Me sentí muy honrado de que se haya dado ese reconocimiento”, explicó Muñoz, mientras se colocaba el jersey donde a la derecha de su pecho luce un parche en honor a él.

El nacido en Ecatepec, Estado de México, fue Firmado como tercera base pero debutó en la Liga Mexicana en 1990 con los Industriales de Monterrey como receptor, sitio donde escribió su legado.

“Si antes me entregaba mucho al equipo ahora siento un compromiso más fuerte” NOÉ MUÑOZ Coach Saraperos de Saltillo.


Aunque no fue ahí donde llegó el número 28, curiosamente, fue cuando llegó a Diablos Rojos en 1991 cuando vistió ese número, ya que era la cifra que estaba en su locker cuando reportó con la novena capitalina.

“Cuando uno empieza a jugar pues nunca te imaginas algo así. Sí ves las paredes y que hay números retirados, reconocimientos a personas importantes. Yo salía a jugar a demostrar que podía hacer las cosas, a disfrutar el béisbol, a tratar de ganar juegos. Nunca me pasó por la cabeza que podía estar yo ahí.

Creo que al Final, ya después de tantos años de jugar y ver lo que había hecho, era algo que se veía distinto, aunque era algo que no me tocaba a mí, yo tenía que jugar fuerte para que la gente me reconociera por mi trabajo dentro del terreno de juego”, explicó.

Muñoz después jugó con Reynosa y volvió a Diablos en 1997 y 1998, para en 1999 llegar para quedarse con los Saraperos, donde se convirtió en el capitán de la escuadra y en uno de los ídolos del equipo. Al terminar su carrera en 2014 jugando 24 encuentros, ahora cumple una labor como coach de tercera base y como coach de cátchers del club.

“Si antes me entregaba mucho al equipo ahora siento un compromiso más fuerte todavía porque me tienen como un ejemplo entre los muchachos. Me gusta trabajar, me gusta hacer las cosas bien. Quizá no sea de los mejores instructores o coaches pero espero que lo poquito que pueda aportar sirva para ayudar al equipo”, anotó.

Por su experiencia ya llegó a ser manager en la Liga del Pacífico, un camino que tiene en la mira, aunque todavía lo ve en un futuro a mediano plazo.

“Yo me ajusto en este momento a la situación que estamos viviendo como coach y lo estoy disfrutando y trato de hacerlo lo mejor posible. Más adelante si sale una oportunidad me gustaría dirigir nuevamente.

Esperemos que se dé y mientras nos seguimos preparando, seguimos aprendiendo mucho y esperamos que todo esto nos sirva más adelante”.

Él jugaba como tercera base, así fue firmado, pero su carrera la hizo como cátcher, una posición que después de 24 campañas, describe como un sitio donde tienes “muchísima responsabilidad porque alguna decisión que tomes pidiendo algún pitcheo, porque aunque hayas tenido cien decisiones correctas, te equivocas en una y a veces se te va el juego.

Es una posición desgastante física y mentalmente pero me gustan los retos. Me parece que en lugar de presionarme por estar ahí, disfrutaba tomar esas decisiones y dieron buenos resultados”.