Sacudidas, limpieza y caciques que caen y se sostienen

El año pasado puede ser considerado el de la “obligada transparencia”: desde el derrumbamiento de la FIFA, hasta la investigación de la Agen­cia Mundial Antidopaje a atletas de todo el mundo.


Rafael Ocampo. Editor y columnista de La Afición en Milenio.
Rafael Ocampo. Editor y columnista de La Afición en Milenio.

El 2015 quedará marcado por el derrumba­miento de la FIFA, la poderosa organización que controla el futbol, el deporte más visto y practicado en el mundo.

Lo que se sospechó durante muchos años, pero que formaba parte de simples cotilleos, conformó nutridos expedientes judiciales con datos duros, nombres y apellidos.

Cobro de sobornos por la adquisición de derechos de transmisión televisiva; venta de votos en las asambleas que determina­ron sedes de mundiales, pagos irregulares no reportados, chantajes, transas con bole­tos de partidos. Un cochinero.

La investigación sigue abierta y a los más de 15 directivos presos ya en cárceles de los Estados Unidos, se pueden añadir otro tanto muy pron­to, entre ellos el mismísimo presidente de esta organización, el suizo Joseph Blatter.

Se espera en 2016 la refundación de la FIFA, pero nadie sabe cómo se hará esta, a dónde se dirigirá, ni quién la encabezará.

Vistas las cosas con cierta perspectiva, 2015 bien puede ser considerado el año de la “obliga­da transparencia.” Una investigación periodísti­ca de la televisión alemana abrió las puertas a la mayor sacudida que ha sufrido el atletismo. Du­rante años el gobierno ruso no solo toleró, sino sostuvo todo un programa de dopaje de sus com­petidores internacionales. La gran mentira, la enorme vergüenza al mismo tiempo, el descré­dito total. Pero también sobrevino la sospecha sobre el resto de los países que han obtenido grandes logros. Si unos lo hicieron ¿por qué no todos? Es lo que se ha llegado a preguntar la Agencia Mundial Antidopaje y en esa línea tra­baja por lo que nadie debe descartar que aparez­can nuevos casos.

Por lo demás, el deporte entregó en este año una buena cauda de héroes y momentos mági­cos. El dominio del FC Barcelona en el futbol no deja de asombrar. Un proyecto que parecía extinto, que se encaminaba a la ruta del desgas­te, dio un golpe de autoridad con una capacidad de renovación que pocos esperaban. Bajo la di­rección del entrenador Luis Enrique, con figu­ras excelsas como Lionel Messi, Neymar, Luis Suárez y Andrés Iniesta, este equipo consiguió el triplete soñado: los títulos de Copa y Liga en España, y la Champions europea.

En lo individual es el tenis el que aporta a la figura más dominante: el serbio Novak Djoko­vik, con la mejor campaña de la historia: 3 títu­los de Grand Slam y seis en Masters 1000, más el torneo de Maestros.

En el escenario nacional se vivió un capítulo que bien puede cata­logarse con adjetivos extremos. Primero esperanzador y luego decepcionante. Me refiero al se­rio intento que desde el gobierno federal se hizo por hacer una verda­dera limpia de dirigentes de federacio­nes que se han apoderado de deportes como el boxeo, atletismo, tiro con arco, beisbol y otros. Si bien es una lucha que no puede darse por concluida, cerró el año en un impasse del que parece nadie la podrá sacar. Puede ser que haya faltado estrategia para conseguir estos cam­bios que tanto han reclamado los atletas. Pue­de ser que haya faltado fuerza y que Alfredo Castillo, el director de la Comisión Nacional del Deporte que propuso y encabezó esta lucha, se haya quedado solo. O puede ser también que esos federativos sean más fuertes de lo que todo mundo pensó.

El triste asunto es que el deporte mexicano no pudo sacar nada realmente nuevo y bueno de este intento de cambio. Y cuando las cosas se mueven tanto y solo se consigue ponerlas nue­vamente en el mismo lugar, es que esto es casi imposible de modificar para bien.