La sonrisa de Matosas

El entrenador de América vive su mejor semana desde que llegó al club en diciembre, con la Concachampions bajo el brazo y a un paso de la Liguilla, su proyecto deportivo se fortalece.


Gustavo Matosas, técnico del América, con evidente sonrisa
Gustavo Matosas, técnico del América, con evidente sonrisa (Mexsport)

Ciudad de México

Miércoles 29 de abril, minuto 50 del juego de vuelta de la Final de la Concachampions,Darío Benedetto acaba de anotar el gol del empate ante el Impact de Montreal. Gustavo Matosas levanta las manos y aprieta los puños, celebra con su cuerpo técnico. El inmueble está atónito.

El entrenador de América sabe que el momento anímico y futbolístico es de su equipo, así que desde la banda pone manos a la obra para no perder ambas sensaciones.

Pide inteligencia a sus jugadores, los manda a seguir atacando, es la hora de aprovechar el descontrol de los canadienses... Oribe marca el segundo, Gustavo sonríe, tiene el partido en el escenario que deseaba, con ventaja en el global y con un mundo de espacios por delante para seguir ofendiendo.

Un par de minutos después Benedetto vuelve a convertir; el semblante del charrúa es de placidez, organiza a su equipo, pero sabe que la eliminatoria está resuelta, que el boleto al Mundial de Clubes le pertenece, empieza a degustar el sabor de la gloria con América, después de que ha tenido que tragar un montón de críticas.

Benedetto termina por enterrar al Impact, para esas horas Matosas mueve el banquillo, Darwin Quintero se abraza con él a su salida, también Oribe intercambia un par de palabras con él cuando lo retira del campo para darle descanso.

Hay buen rollo entre la plantilla y el entrenador; es lo que tiene la victoria, que concede sonrisas y manda al cesto de basura los días de apuro.

El Olímpico de Montreal contemplaba cómo el árbitro tico, Henry Bejarano, pitaba el final del juego. Matosas se echó a correr al campo, felicitó a sus jugadores y éstos hicieron lo mismo, la estela de éxito deportivo se mantenía.

Los rumores de si el técnico debía ser cesado en caso de una derrota pasaban a ser historia. Gustavo miraba la enorme copa, esa que le concedía paz, pero sobre todo, fortalecía su proyecto, porque América fue un equipo grande y ganó como tal su boleto a Japón.

Matosas y América se han vuelto a reencontrar en un momento clave que se extendería al campeonato casero.

Entre los festejos sobre el campo, hubo un momento en el que Matosas se cruzó con Ricardo Peláez, el entrenador y el presidente deportivo se abrazaron por el éxito conseguido, era un gesto que liberaba a ambos porque el charrúa fue la apuesta irme de Peláez, quien salió a respaldarlo unas semanas atrás cuando el equipo parecía perder del rumbo tanto en la Liga como en la Concachampions.

A la salida del campo, Matosas dio varias entrevistas, mantuvo la ecuanimidad y el agradecimiento a su plantilla, era hora de parar pecho ante sus críticos y no lo hizo. Sonreía una y otra vez con la medalla de campeón que colgaba de su cuello.

Ingresó al vestidor y ahí fue bañado por sus jugadores, después salió y tomó el teléfono, se aisló en un rincón del estadio, estaba feliz y transmitía esa alegría a la persona con la que conversaba al otro lado del móvil.

En el hotel de concentración, Matosas volvió a agradecerle a los jugadores el esfuerzo realizado, pero también les recordó que la euforia debía de controlarse porque en puerta había otro juego crucial en la búsqueda de la Liguilla. La conjura era descansar y entregar todo por mantener la inercia de resultados.

Todos sabían del cansancio que tenían en las piernas, pero se acordó sacar el orgullo a lote.

“El partido (contra Toluca) es propicio para que mis jugadores den el extra. Soy el primero que confía en ellos, mi confianza está en ellos”, decía Matosas el viernes pasado, en la víspera del juego ante los Diablos.

Y América no falló, se aferró a la inercia emocional que traía y obtuvo la victoria, no fue sencillo, el desgaste ante los Diablos fue total, pero las Águilas explotaron las circunstancias del partido y se acercaron a la Liguilla.

Matosas volvió a agradecer a los jugadores en la sala de prensa, ahí su semblante sigue siendo de serenidad, más ahora que la turbulencia ha pasado. Ya tiene un título bajo el brazo en un torneo que le permitirá a la institución proyección internacional.

Cuando Gustavo salió del Estadio Azteca, volvió a ofrecer sonrisas y repartió autógrafos. La semana más exigente había sido saldada con éxito: empate en el Clásico Nacional, conquista de la Concachampions y está a un punto de meterse a la Liguilla, incluso podría hacerlo entre los primeros lugares de la clasificación si derrota a Atlas.

Gustavo Matosas vive su semana más placentera desde que fue presentado en diciembre, si bien América aún no termina de ser el equipo que pretende, va camino de ello en el momento clave del torneo local, el momento emocional y la inercia que arrastra su equipo pueden llevarlo a pelear el título. Gustavo sonríe, cree que pueden venir cosas mejores.